
El accidente ocurrido este domingo al mediodía en la zona sur de Concordia, a la altura del kilómetro 248,5 de la autovía, volvió a dejar al descubierto una verdad incómoda que muchos prefieren callar: cuando la vida está en riesgo, no siempre quienes cobran el peaje están a la altura de las responsabilidades que asumieron.
Una pareja que regresaba a Estancia Grande sufrió una caída tras el reventón del neumático delantero de su motocicleta. El saldo fue una mujer de 28 años, Melisa Alegre, con diversas escoriaciones que debió ser hospitalizada, y un conductor con lesiones leves. Un siniestro vial más, sí, pero con un trasfondo que merece ser señalado.
Porque mientras la nueva concesión de Autovías del Mercosur, en manos de Cartellone S.A., demuestra una alarmante falta de previsión y compromiso, fue el Estado local el que dio la cara. Ante la ausencia total de móviles de seguridad, auxilio mecánico o ambulancias propias de la empresa concesionaria, fue una ambulancia del sistema público la que acudió al lugar para asistir a la víctima y trasladarla al hospital Masvernat.
Y aquí está el punto central: Cartellone S.A. no tiene ambulancias, no tiene auxilio y no tiene móviles de seguridad, algo que sí estaba garantizado por la concesión anterior. Es decir, cobra por administrar una autovía pero no cumple con los estándares mínimos de seguridad vial. Una concesión que recauda, pero no responde.
Resulta inadmisible que una empresa que explota una traza tan transitada no cuente con un sistema propio de emergencias, obligando a los municipios y al sistema público de salud a cubrir un vacío que no les corresponde. Cada minuto que se pierde en un accidente puede costar una vida. Y esa responsabilidad no es abstracta: tiene nombre y razón social.
En este contexto, corresponde destacar la intervención del gobierno de Estancia Grande, que, a pesar de no tener jurisdicción directa sobre la autovía, respondió ante la emergencia. Cuando la concesión privada se borró, el Estado estuvo presente. Una vez más.
Las preguntas son inevitable: ¿quién controla a la nueva concesionaria?, ¿quién exige que cumpla con lo que debe?, ¿cuántos accidentes más harán falta para que se entienda que la seguridad vial no es un gasto sino una obligación?
La autovía no puede convertirse en tierra de nadie. Mucho menos en una ruta donde el peaje se cobra puntualmente, pero la asistencia brilla por su ausencia.
Cartellone S.A. debe dar explicaciones. Y rápido. Porque cuando la ambulancia no llega, las consecuencias no se miden en balances, sino en vidas.

