En una escuela pública, un plato de comida no es sólo alimento

 

El plato de comida.

En una escuela pública, un plato de comida no es sólo alimento. Es calor en invierno, es energía para aprender, es dignidad. Es la diferencia entre un estudiante que puede concentrarse en clase y otro que carga con el hambre como una mochila invisible.

Hoy, en nuestras instituciones escolares, la gestión sufre el desafío diario de sostener un comedor escolar. Las partidas recortadas, las deudas que se acumulan, las promesas incumplidas, las respuestas que nunca aparecen. La falta de empatía de las autoridades, que por ley deberían garantizar este derecho, se traduce en platos vacíos y en la vulneración de adolescentes y adultos que confían en la escuela como su espacio de cuidado.

Nuestra institución alimenta cada día a cientos de estudiantes en los tres turnos. No es un número: son rostros, historias, jóvenes que necesitan desayunar, almorzar, merendar y cenar para poder sostener su proyecto educativo. Cuando las políticas de desarrollo social se ausentan, la escuela queda sola, sosteniendo lo que debería ser prioridad absoluta del Estado.

Un comedor escolar no es un servicio accesorio: es un derecho consagrado en la Ley Nacional 26.061 y en tratados internacionales que nuestra Constitución reconoce. Sin embargo, en la práctica, ese derecho se vulnera cada vez que se reduce una partida sin explicación, cada vez que se promete un reconocimiento de deuda que nunca llega, cada vez que el silencio oficial se prolonga durante meses.

El plato de comida es también un símbolo. Representa el compromiso de la escuela pública con su comunidad, el esfuerzo de la cooperadora, la dedicación de los ordenanzas y cocineras, la paciencia de los docentes que sostienen la tarea en condiciones adversas. Pero también refleja la ausencia de políticas claras y la falta de sensibilidad de quienes deberían garantizar lo básico.

Hoy quiero visibilizar esta realidad. Porque detrás de cada partida reducida hay un estudiante que espera su plato de comida. Y porque el silencio frente a esta problemática también es una forma de vulneración.

El plato de comida no puede ser un privilegio ni una promesa incumplida. Debe ser un derecho garantizado, todos los días, para todos los estudiantes.

Prof. Eduardo Ibarrola.
Rector Titular de la Esc. Sec. N°4 “Damián Pedro Garat” – Villa Adela, Concordia.

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