
La Iglesia diocesana de Concordia celebró anoche, miércoles 1 de abril, en la Catedral San Antonio la Misa Crismal, inaugurando de esta manera al Triduo Pascual en la semana más importante para toda la comunidad cristiana.

La Eucaristía fue presidida por el obispo diocesano mons. Gustavo G. Zurbriggen y concelebrada por todo el presbiterio, incluido el obispo emérito mons. Armando Collazuol. En la celebración se bendijeron los óleos utilizados para el sacramento del Bautismo y la Unción de los Enfermos, y se consagró el Santo Crisma reservado para los sacramentos de la Confirmación y del Orden Sagrado.

En la Misa Crismal la comunidad presbiteral, por su parte. renovó las promesas sacerdotales, rememorando su Si al llamado de Dios “para servir a la comunidad en el nombre de Jesús, fundamentalmente anunciando el Evangelio”, expresó en su homilía mons. Gustavo Gabriel.
“El texto del evangelio proclamado” -que narra la presentación de Jesús en la sinagoga de Nazaret al inicio de su misión- “nos recuerda que hemos sido elegidos para servir a la comunidad, haciendo presente el pastoreo de Jesús en medio de su pueblo”. Y “esto -añadió el Padre Obispo- exige de nosotros un estado de conversión permanente para configurarnos con los sentimientos y el estilo pastoral de Jesús que es la cercanía amorosa y misericordiosa de Dios para con todos”.

El pastor de la diócesis citó al Papa León y al fragmento de su Exhortación Apostólica Dilexi te, que habla de este pasaje bíblico: Jesús “se presenta como Aquel que viene a manifestar en el hoy de la historia la cercanía amorosa de Dios, que es ante todo obra de liberación para quienes son prisioneros del mal, para los débiles y los pobres” aquellos que “en virtud de su condición, eran marginados por la sociedad, pero también por la religión”, aseguró.

Recurrió nuevamente a las palabras del Santo Padre para insistir sobre la urgencia de volver a anunciar el Evangelio: “es necesario que la pastoral parroquial vuelva a poner en el centro el anuncio, para buscar caminos y modos que ayuden a las personas a entrar nuevamente en contacto con la promesa de Jesús” parafraseo el obispo, al tiempo que animó a sus hermanos sacerdotes a “promover los dones y carismas presentes en nuestra comunidad, animar la comunión fraterna y posibilitar la corresponsabilidad misionera”.
“Nuestra vocación es un don que debe ser custodiado con fidelidad” dijo el obispo, quien concluyó su mensaje citando a Benedicto XVI y mediante sus palabras invitó a la comunidad presbiteral a “despertar la alegría de que Dios está cerca de nosotros, y la gratitud por el hecho de que Él se confíe a nuestra debilidad».

