Cuando la memoria selectiva intenta disfrazarse de denuncia

 

En política, hay algo más peligroso que el silencio: la hipocresía. Y eso es exactamente lo que expone una reciente publicación de FACEBOOK, quien intenta instalar un relato de abandono y desidia en Estancia Grande como si acabara de descubrir un problema que, en realidad, lleva décadas gestándose… bajo las mismas estructuras políticas de las que él formó parte.

El planteo de Lladós busca construir una escena de urgencia ambiental y sanitaria válida en su preocupación, pero profundamente cuestionable en su intencionalidad omitiendo un dato central: no estamos frente a un problema nuevo.

Los vehículos acumulados en la comisaría no aparecieron ayer ni el mes pasado. Son el resultado de años incluso décadas de falta de resolución, incluyendo gestiones en las que su propio espacio político tuvo responsabilidades directas.

Porque conviene recordar algo que Lladós prefiere callar: no es un outsider. Fue parte de una estructura política donde su propio padre, Esteban Lladós, gobernó durante más de veinte años. Durante todo ese tiempo, el problema que hoy denuncia ya existía. Y sin embargo, nunca fue abordado con la urgencia ni la “transparencia” que ahora reclama.

Entonces surge una pregunta incómoda pero inevitable: ¿por qué ahora?
La respuesta parece más vinculada al oportunismo que a la preocupación genuina.

En contraste con ese discurso, la gestión actual encabezada por el intendente Javier Goldin sí ha dado pasos concretos. El 19 de marzo de 2025, tras la entrega de viviendas del IAPV, Goldin planteó personalmente esta problemática al gobernador Rogelio Frigerio en una reunión de gabinete ampliado, con la presencia también del ministro Manuel Troncoso.

Es decir, lejos del “silencio” que intenta instalar Lladós, hubo gestión directa ante las máximas autoridades provinciales. Hubo acción. Hubo agenda. Hubo responsabilidad.

Lo que no hubo y eso es lo que molesta fue demagogia.

Porque lo verdaderamente preocupante no es que se visibilice un problema ambiental, sino que se lo utilice como herramienta de construcción política, sin hacerse cargo del pasado. Denunciar sin memoria es una forma sofisticada de manipulación.

Lladós intenta pararse hoy en el lugar de la denuncia moral, pero su propio recorrido político lo deja expuesto: no puede hablar como si fuera ajeno a un sistema que permitió que esta situación se prolongara durante años.

La diferencia es clara. Algunos gestionan y buscan soluciones reales, aunque lleve tiempo. Otros descubren los problemas cuando les conviene políticamente.

Y en ese contraste, la sociedad empieza a entender quién está realmente comprometido con el presente… y quién simplemente intenta reescribir el pasado.

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