El espacio de entrenamiento de la ciudad propone una metodología que combina planificación individual, acompañamiento profesional y trabajo grupal. Su objetivo es acercar el entrenamiento de fuerza a personas que no encuentran su lugar en el gimnasio tradicional y promover una relación más consciente con el movimiento.
“Construir salud”, ese fue el concepto que dio origen a Vértice, un espacio de entrenamiento que busca correrse de la idea tradicional de gimnasio para poner el foco en el bienestar integral de las personas. Para Antonella, responsable del espacio, la actividad física no se limita a una cuestión estética, sino que también implica generar conciencia sobre el propio cuerpo y cuidar la salud.
“Yo estudié educación física porque quería ayudar a las personas a sentirse bien. Más allá de lo físico, a nivel de conciencia y de salud”, explica. Desde esa perspectiva nació Vértice, sin definirse específicamente como gimnasio o estudio de una disciplina determinada: el nombre representa una propuesta más amplia vinculada a la construcción de hábitos saludables, el movimiento consciente y actualmente al entrenamiento de fuerza.
La propuesta está especialmente dirigida a aquellas personas que llevan una vida sedentaria.
Según explica Antonella, se trata de un alto porcentaje de la población que muchas veces no realiza actividad física o no encuentra su lugar en las propuestas tradicionales. Moverse también forma parte de la recuperación.
Uno de los conceptos que Vértice busca trabajar es la relación que las personas tienen con el dolor y las lesiones. Frente a la idea de que una molestia necesariamente implica dejar de moverse, desde el espacio plantean la importancia de mantener la actividad siempre que las condiciones de la lesión lo permita y exista la correspondiente indicación profesional.
“Está muy en el subconsciente de la gente el ‘si me duele no hago, paro y no hago más», señala Antonella. Sin embargo, aclara que ante una lesión es fundamental consultar con profesionales de la salud y determinar qué movimientos pueden realizarse.
En este sentido, Vértice también establece límites claros respecto de su función. El espacio trabaja con personas que tienen lesiones crónicas o que ya atravesaron procesos de recuperación, pero no realiza rehabilitación, ya que esa tarea corresponde a profesionales de la kinesiología.
Para Antonella, reconocer esos límites también forma parte del ejercicio profesional. “Ser profesional es saber qué es parte de mi trabajo y qué no lo es”, sostiene. Por eso, ante una persona que llega con dolor o una lesión, el procedimiento es derivarla al profesional correspondiente. Si se confirma una lesión, la rehabilitación queda en manos de un kinesiólogo y una vez finalizado ese proceso, la persona puede retomar el entrenamiento para continuar trabajando y prevenir futuras lesiones.
Fuerza y menopausia: poner en agenda una etapa poco visibilizada
Otro de los temas que Vértice decidió abordar públicamente es el entrenamiento de fuerza durante la menopausia. La iniciativa surgió a partir de las propias alumnas, quienes comenzaron a acercar inquietudes relacionadas con los cambios que atravesaban durante esta etapa.
“Es algo que no se habla mucho en las redes, yo creo que es un poco tabú”, explica Antonella. A partir de esas consultas, el equipo buscó incorporar información específica y contactó con una ginecóloga para generar contenido destinado a sus alumnos.
La intención fue brindar herramientas e información sobre una etapa de la vida de las mujeres que, según observa, todavía suele quedar relegada dentro de las conversaciones vinculadas a la actividad física.
Nunca es tarde para empezar
La propuesta también busca derribar la idea de que existe una edad límite para comenzar a entrenar. En Vértice actualmente entrenan personas adultas mayores y según cuenta Antonella, muchas de ellas terminan convirtiéndose en las propias promotoras de la actividad entre sus conocidos. “Para los adultos nunca es tarde. Siempre es un buen momento y siempre va a ser de ayuda”, afirma.
La incorporación del entrenamiento de fuerza en edades avanzadas forma parte de una mirada que entiende al ejercicio como una herramienta para acompañar la salud durante distintas etapas de la vida y no exclusivamente como una práctica vinculada a la juventud o al rendimiento físico.
Un equipo que acompaña
La palabra “equipo” ocupa un lugar central en la identidad de Vértice. La metodología de trabajo contempla distintos mecanismos de seguimiento para conocer cómo se encuentra cada alumno y adaptar las planificaciones de acuerdo con sus necesidades.
Los profesores cuentan con planillas y una aplicación donde se registra información de cada
persona. Además, los alumnos tienen un rol activo en el seguimiento de sus entrenamientos: registran cómo percibieron el esfuerzo, sí pudieron completar los ejercicios, si la rutina les resultó demasiado exigente o por el contrario, demasiado leve.
“Trabajamos mucho con la guía de esfuerzo percibido”, explica Antonella. La información recopilada permite modificar las planificaciones semanalmente y adaptar el entrenamiento a la evolución de cada persona.
Así, la propuesta combina una dinámica grupal con una planificación individual. Los alumnos comparten el espacio y el horario con otras personas, pero cada uno cuenta con una rutina diseñada de acuerdo con sus propias características y objetivos.
Acercar la fuerza a quienes le escapan al gimnasio tradicional
De cara al futuro, uno de los principales objetivos de Vértice es dar a conocer esta metodología y acercar a más personas al entrenamiento de fuerza.
Antonella reconoce que existe un sector que evita los gimnasios tradicionales porque allí no se siente acompañado o guiado. Frente a eso, Vértice propone una alternativa en la que el entrenamiento individual se desarrolla dentro de un espacio colectivo.
“Queremos que se sientan acompañados en el entrenamiento de fuerza y que, a la vez, tengan un grupo de pertenencia”, resume.
La idea es que asistir a entrenar no implique simplemente llegar, seguir una rutina y retirarse, sino también compartir con los profesores y con quienes concurren en el mismo horario.
Con una propuesta que combina fuerza, seguimiento y comunidad, Vértice busca consolidar
una forma de entender el entrenamiento que va más allá del ejercicio en sí mismo: moverse como parte de un proceso de construcción de salud.
Trabajo realizado por Azúl Cassella alumna de tercero de la Carrera Técnico Superior en Comunicación Social del IPC
