Esa es la cuestión. Desde que el mundo es mundo y los idiomas tomaron forma nutriéndose permanente de su propio vocabulario. Dando sentido a las distintas palabras, desde las cariñosas y contenedoras hasta las groseras o insultantes.
Nos comunicamos permanente, en un ida y vuelta en el que el vocabulario según su entonación nos convence del mensaje o dudamos de su honestidad.
Pero la creación… como máxima expresión, nos ha dotado de los sentidos que unos más o en otros menos, nos permiten percibir y analizar lo que nos dicen.
Se dice que los ojos son el espejo del alma y que al observarlos en profundidad también podemos dilucidar la veracidad de lo dicho.
En fin es amplia la posibilidad de percepción. De pronto en un escrito se puede leer entre líneas y descubrir el verdadero mensaje.
Por ello más allá del coeficiente intelectual, deberíamos aprender a prestar más atención a nuestros sentidos y no escuchar tan sólo una campana y así sacar nuestra propia conclusión y así quizá saber hablar y saber callar… aunque en síntesis nadie es totalmente dueño de la verdad…

Dany Salerno, Vigo España para Concordia 24
5-03-2021

